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Mujer & Salud Mental

Actualizado: feb 3


Muchas veces nos hemos hecho la pregunta en relación a la salud mental y género, en el sentido de reconocer si existen factores que incidan en la vivencia de salud de las personas a partir del genero con el cual se identifiquen.


Nuestra respuesta a partir de la escucha clínica y de la lectura de algunos autores que trabajan el tema ha sido, ¡SI!


La salud mental se define como una vivencia de bienestar emocional en varias de las esferas de la vida de un sujeto, permitiendo un estado de equilibrio mental. La OMS define la salud mental como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”


Lo anterior exige entonces que las condiciones personales, familiares y sociales provean al sujeto un entorno seguro, estable y suficientemente disponible como para poder incorporar desde edades tempranas dichas condiciones, permitiendo en el proceso de estructuración de su personalidad el desarrollo de recursos que permitan afrontar de una forma mas o menos sana las diferentes situaciones que la vida le entrega.


Sin embargo, es innegable que culturalmente existen determinantes que inciden en los procesos de subjetivación, afectando la forma como nos vamos asumiendo como sujetos, en la relación con nosotros mismos y con el entorno.


Nuestra cultura, estructurada en un sistema fundamentalmente patriarcal, ubica a unos en un lugar de privilegio, otorgándoles poder sobre otros considerados menos fuertes.

Históricamente las mujeres, hemos tenido que sortear todo tipo de agresiones en relación a nuestra posición, al ubicarnos en lugares de subordinación reforzando el mito de la feminidad pasivizada. Es a partir de dichas lógicas que se instauran en el marco simbólico del patriarcado que se van armando los procesos de subjetivación en los que predominan aspectos que marcan diferencias sustanciales entre lo masculino y “lo otro” que aparezca en oposición. A partir de ello se logra entonces una construcción del privilegio en lo subjetivo, en la que se instaura en el si mismo, la posibilidad, el poder y el dominio sobre otro, determinando las formas de vinculación y de respuesta a otro vulnerable.


Aquí aparecen entonces las diferentes formas de malestar que emergen de la posición de fragilizada de la mujer, muchas de ellas normalizadas, desestimando su efecto en la vivencia de salud o bienestar. Si bien es cierto que no podemos generalizar en relación a lo anterior, si podemos afirmar que muchos de los mandatos sociales que se instauran en los procesos de subjetivación, nos ponen de cara a lugares en los que se privilegia al otro, se cuida al otro, se acepta al otro por su capacidad y fuerza, se calla, se sufre, se acompaña, se padece. Todo lo anterior, normalizado y privilegiado con mucha más fuerza que el cuidado de si, la autonomía y el amor propio.


Vale la pena preguntarnos entonces, que aspectos de la crianza y de los procesos de subjetivación han ido incorporando la idea de Mujer en cada una de nosotras, lo que incluye los lugares que ocupa, las elecciones que hace, las formas como se vincula al otro y sus modos de satisfacción y con ello que aspectos se han ubicado en el lugar del malestar, al imponerse en oposición a lo que somos y deseamos.


Es necesario que generemos cada vez más espacios de conversación y reflexión en torno a lo femenino, a nuestras posibilidades de ser y hacer y a la deconstrucción de las lógicas patriarcales que nos ubican en lugares como el cuidado del otro, el amor romántico, la negación del deseo y la aceptación de conductas de poder impuestas por otro, generalmente masculino que se impone y domina a partir de su privilegio.


Mujeres Que Pueden

Junio 2020

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